René Magritte pintó una pipa y le puso como título “esto no es una pipa”. Cuando le preguntaron si se estaba burlando del público, que evidentemente aquello sí era una pipa, él le contestó “pues fúmenla”. La angustia procede del hecho de que nombrar un objeto no garantiza su existencia, ni pintarlo, ni siquiera verlo. Había encontrado la más inquietante de sus relaciones poéticas: el objeto y su palabra, tan ajenas el uno al otro. La frase “esto no es una pipa” resulta entonces extraordinariamente confusa, ni siquiera la palabra pipa es una pipa. Esto es no es un blog, pero puede serlo. Incluso puede ser una web, aunque no lo sea. La puerta está abierta, adelante. Desaparezca aquí.































