26 jun, 2009
LA ÚLTIMA TRANSFORMACIÓN DE MICHAEL JACKSON
Publicado por Antonio en la categoría Musica
Michael Jackson, de 50 años, ha muerto en Los Angeles hace unas horas, víctima, según parece, de un paro cardíaco, aunque ya se hable de posibles sobredosis de medicamentos, ingeridos a destajo como consecuencia del stress que habría supuesto la preparación de la descabellada serie de 50 conciertos que el ya “legendario rey del pop” – así lo ha descrito su hermano Jermaine, en el comunicado que ha leído ante los medios – pretendía celebrar en Londres. Nada más haberse conocido la noticia, petó Twitter; y esta mañana, las informaciones sobre la muerte del icono/genio/loco se acompañan del sonido de los clips subidos a YouTube por los fans. La red democratiza la información pero también la muerte, y hoy los habitantes del planeta Tierra pasan de Teherán y el fútbol y recuerdan diversos momentos de sus vidas a propósito de las canciones y locuras del difunto. Yo el primero: así que voy, after the jump, con mis propios momentos de YouTube, pero en blanco y negro; black or white, mejor.
# 1. El vídeo de “Thiller”. Tengo seis años y estoy en mi ex-casa de la playa, me imagino que tirado en un sillón de mimbre; ante la tele, en cualquier caso. Están poniendo una cosa llamada “vídeo”: un chico y una chica han visto una película de miedo y hablan sobre ella de camino a casa. Hasta ahí, todo normal. De pronto, sin embargo, el chico empieza a transformarse en una especie de criatura o monstruo, y en segundos está rodeado de una multitud de zombies danzarines. Resultado: me cagué de miedo, y esa noche tuve pesadillas. Cosas que se me escaparon: uno, que era una canción tremenda; dos, que el vídeo – de John Landis – no sólo era histórico por lo ambicioso, sino por romper ciertas barreras muy sutiles pero todavía activas (la MTV, por esa época, no programaba vídeos de música negra); tres, que el vídeo contenía una premonición de las transformaciones físicas que experimentaría Michael Jackson, en los años que iban a seguir: de negro a casi-blanco, de persona de verdad a personaje de cuento fantástico (terror también me vale). Volví a ver más vídeos de él: recuerdo “Say Say Say”, con Paul McCartney; más que miedo, daba risa. Me sirvió, aun así, para que me enterara, por mis padres, de que el tal McCartney había tenido un grupo en los 60.
# 2. Slash tocando la guitarra en “Black or White”. Ahora, debo de tener catorce o quince y soy un aprendiz de indie obsesionado con los Stone Roses y los Who, los Happy Mondays y ese grupo de la década de los sesenta. Michael Jackson me da igual, porque la música que ahora describo como “comercial” no me merece más que odio: solo escucho Radio 3 y a falta de Internet me grabo cintas con canciones de My Bloody Valentine o Blur que ponen Chema Rey y Tomás Fernando Flores. Una tarde, estoy oyéndolos y ponen “Black or White”. La justificación es que aparece Slash, de Guns’n’Roses, pero yo me escandalizo igual: ¿cómo se atreven a poner canciones comerciales? Luego, veo el vídeo: una vez más, transformaciones. Sé muy poco inglés, pero lo suficiente como darme cuenta de que el estribillo dice: “Da igual que seas blanco o negro”. Él está blanco: ¿es lo que él dice, que tiene un problema de pigmentos? ¿O es que se ha aplicado tratamientos para blanquear su piel, como se afirma? El bleaching – decoloración de la piel por medio de cosméticos – era una práctica relativamente común entre algunos afro-americanos de antes de los movimientos de liberación de los 60; incluso Malcolm X, cuando se llamaba Detroit Red e iba por ahí robando pisos, se alisaba el pelo para parecer un poco menos negro. Pero no sé nada de eso, todavía, así que no puedo pensar que la locura del supuesto Rey del Pop tan solo sea un síntoma, hiperbólico, de una locura más global.
#4. El Rey era mortal. Cuando he llegado a la oficina, todo el mundo hablaba de lo mismo, y he escuchado a alguien recurrir al tópico: “era de esos que parece que jamás van a morirse”. Esa es la historia: que la muerte – con o sin redes sociales, transmitida en vivo o bien fuera de plano – es esa información de la que no queremos hacer caso, nunca, la transformación que nadie puede concebir, por mucho que lo intente. Hoy todos somos muertos vivientes en el vídeo de “Thriller”, que no era literatura fantástica sino una historia muy real, y muy triste.













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